| LUCAS DISTÉFANO EN MUSEO TIGRE |
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Muestra de fotografías del delta argentino. Cierre: domingo 7 de marzo de 2010. Paseo Victoria 972, Tigre. Hay un tiempo en el trabajo de la realización de la obra que no siempre recordamos. A veces ese trabajo, este traslado y despliegue de herramientas y materiales, forman parte de la obra, son la obra, o quedan tan evidenciados que es imposible contemplar la obra sin volverse al tiempo de su realización. Otras veces, esas huellas son muy sutiles, y lo que vemos nos mueve hacia otro lado. Lucas Distéfano pasó varias temporadas en el Delta, saliendo antes que el sol, subido a una modesta embarcación, abriéndose paso en la espesura, cuidando a la Hasselblad del rocío, resbalando en el río, acompañado sólo por el crujir de la escarcha bajo sus pies o el zumbido de los mosquitos, siguiendo el curso de un canal con el equipo al hombro para encontrar un encuadre, una luz, un momento. La vieja comparación entre el fotógrafo y el cazador se cumple nuevamente. Las fotografías son equilibradas, justas, prolijas. No hay grandes contrastes, sí una pequeña pero insistente inquietud, un silencio expectante. Tal vez sea por las luces. Una luz natural que tanto puede ser de la madrugada como del crepúsculo, de un momento de paso, de transformación. Lo cierto es que esta luz ya indica algo inminente. Pero hay otra, la artificial, de unas lámparas que parecen haber sido olvidadas, y que marcan, junto a unas arquitecturas, la presencia humana, o mejor aún, su ausencia. Porque estas luces ¿a quién iluminan? Vemos el techo de un muelle y por primera vez pensamos en ese espacio como un interior. Una canoa vacía emerge de un fondo oscuro. Un sencillo cartel luminoso se refleja en el río y hace de contrapunto al suntuoso edificio de al lado... Tal vez lo inquietante sea lo que, con su cámara manual, Lucas ha cazado: estos exteriores íntimos, esta sutil mezcla de luces, esa mirada que nos descubre una secreta cita entre civilización y naturaleza. |






